LA RENDICIÓN
Ya no te esperaré más en las esquinas de tus calles favoritas, ya no miraré al teléfono imaginando el sonido de tu voz. al final has llegado al fondo del pozo, al interior de esa gruta del dolor y la desesperación. Ya no me parecen peculiares los momentos en los que desviabas la mirada cuando te hablaba, o aquellos silencios prolongados en eternos segundos en el auricular del teléfono. Pero lo peor no es que desparezcas, como el sueño de un niño pobre. No; lo peor ha sido mi rendición, cuando mis armas levantaron el polvo de un suelo seco y recalentado por el sol del misterio. Mi armadura de bronce, brillante como el oro y labrada por artesanos y artistas, quedó inutilizada por el hierro de la indiferencia. Eso ha sido lo peor, rendirme, caer como una ciudad amurallada, poderosa y segura de si misma, tras el asedio hecho por un rey que no tenía nada que perder. Y ...

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