LA ALFOMBRA PERSA

         Pensé que nadie lo sabía, en serio, porque nunca hablé del tema. Creía que los ojos ajenos eran de piedra, de mármol, de arena insensible, incapaces de sentir luz alguna, de percibir la sal del aire marino.
         Pero no era así, la gente habló, y extendió mi vida y nuestra historia como una alfombra, expuesta a ser pisada con cautela, con admiración, con sigilo...pero se pisó incesantemente. Y nadie sabrá nunca cómo fueron hechos uno a uno los nudos de esa alfombra, cómo se hilaron palabras de amor, silencios de amor, nadie puede imaginar el profundo diseño del alma que siente el amor.
         Tal vez el sentimiento deba de ser así, como las alfombras persas, que cuanto más se pisa más hermoso es, más compacto y vivo.




         Pensé que nadie lo sabía, y ahora que no existe aquel amor, es cuando se me revela la verdad del mundo, la verdad imperdonable y desterrada de la propia soledad. Ahora voy a enviar mensajeros de aire, mensajeros de miradas y de luz, y mi talante será valeroso en la batalla del sentido. Daré a conocer a través de mi rostro, a través de mi espalda, cual es el camino que se ha de pisar.
          Me arrodillaré para extender la alfombra de nuestro amor, para oler los tintes de sus hilos, y tirar con fuerza de las líneas de su urdimbre

        

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