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AMBIENTE

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       Seguramente, todo el mundo iba por su tercera copa, o empezaba ya la cuarta. No hacía calor, a pesar de la concurrencia. Las miradas lascibas se repartian, hasta con elegancia. Es lo que hay, un mariconeo de salón algo desfasado y de corte adolescente. Eran muchas las caras conocidas, -. A ese le conozco...fijo que le conozco.- -. Pues claro, esa es una de las habituales, la Nicolasa.- Y así habia muchos, casi un tercio de la sala. -. Joder, a ese tio  no le puedo ni ver.- dije mientras me acercaba el baso a la boca, desviando mientras la mirada hacia cuaquier parte donde no estuviera el individuo en cuestión. -. Ja ja ja a ver ¿qué te ha hecho?.- -. Pues una noche, en el "Iris", cuando estaba abierto, me dijo que le gustaba y me metió la lengua hasta el esófago ...en fin.- -.Horror, ¿pero tú lo has visto bien?.- me dijo mi amigo esporádico, dando la espalda al tio del beso.       ...

LA NIEVE

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       Si me paro a pensar, llego a la idea de que me pasan las mismas cosas, que nada es diferente. Lo único que ocurre, en realidad, es que se me olvida que me ya ha pasado antes, pero no...siempre es lo mismo. Tal vez sea verdad aquello que los antiguos pensadores griegos decían sobre el tiempo, que todo es un ciclo que se repite, al igual que las estaciones del año, ciclos constantes, que hacen que las nieves vuelvan a aparecer. Y ese mismo ciclo enreda nuestra relación, la convierte en una madeja de fibras sentimentales, de recuerdos y vivencias buenas o malas.        Tus miradas siempre son las mismas, y hasta tus conversaciones son recurrentes, y se han vuelto vacías.Todo esto es una señal: tienes que irte, o soy yo el que ha de desaparecer.  Las cosas ocurren igual que la nieve, siempre blanca y fría, siempre silenciosa, amortiguando cualquier sonido y envolviendo en su halo tod...

CAMINAR

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       Aun te puedo ver, ascendiendo sobre las dunas , caminando en medio de un torbellino de arena y sol. Aun  contemplo  el movimiento violento de tus ropajes, azotados por un aire incesante.            Tu piel morena dorada por un sol  poderoso, como a las tiendas de los beduinos, y que desafía a los aceros de cuarzo. Tus ojos grandes y negros, me parecen hermosos cristales. Sabes que no consigo olvidarte;todavía no.        No quiero dejar atrás tu sonrisa, ni tu mano apoyada sobre mi hombro. Aquella noche me pareció ser un rey que atraviesa orgulloso las jambas de su palacio, vestido de gloria, y de aspecto terrible. Como aquel rey bíblico que era capaz de fulminar con una de sus miradas.         Una mano tuya, apoyada sobre mi hombro, sabiendo que eras tú el que me apoyaba a mi y a mi propia debilida...

GEMELOS

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Aunque siempre lo negaron, siempe se miraban el uno en el otro, tan iguales pero tan distintos, como el reflejo de un espejo vital, que ofrece la imagen radicalmente iversa. Tan distinta que llega a confundirse la una con la otra, como cuando dos personas recorren distancias opuestas y,  a la larga, terminan encontrándose de cara, porque han recorrido la redondez del mundo. -. Que yo soy yo, y tú, tú.- esa era la verdad eterna y efímera a la vez. Unas vidas paralelas que nunca llegaron a tocarse, ni se rozaron siquiera. Eran dos manos iguales, pero una era la diestra y otra la siniestra, una acaricia y la otra, simplemente, toca. Y, sin embargo, seguían mirándose para poder entenderse, comprenderse. -. Somos dos formas de amar, de vivir. Pero la mia es la mía y la tuya no.- Los gemelos nunca se llegaron a conocer, lo único que realmente sabían, era que no eran el mismo. -. Cada vez que me encuentro contigo, sé quien soy, pero nunca sabré quien eres tú, sólo sé que ...

La anciana

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        La marquesa aun lucía sus pendientes de esmeraldas, siempre los mismos, continentes de un bosque profundo y apabullante. Esas esmeraldas con las que aparece en todas las fotos. Sabe que le sientan bien, y ella a las propias piedras. Sus manos, descansando en la empuñadura de plata de su bastón, eran testigos mudos del trabajo de otras mujeres. Su bastón, era el eterno compañero y con él se sentía segura. -. Era de mi padre, y de mi marido.- repetía cada vez que descubría que alguien lo observaba distraidamente.        Sus ojos azules, reminiscencia de ascendencia inglesa, su erguido cuello y su extrema delgadez, daban , ante el mundo, la expresión de una triste decadencia. Que los tiempos han cambiado, que las cosas no son lo mismo que hace años, era algo que ella sabía, pero que nunca asimiló. Hacía mucho que la fortuna familiar había desaparecido, era necesario remontarse a antes de la guerra. La mala ges...

AMANECER

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       Aquella mañana, el velo que cubre el ara de los templos, se rasgó cuatro veces. Cuatro plegarias se elevaron hacia las bóvedas celestes, filtradas entre la trama de las sedas sagradas. Cuatro veces se abrieron mis ojos, escudriñando entre las sombras. -. Sí, he oido tu voz. Ahora sí descansan en paz los muertos de mi pecho-. entiendo el sentido de tus sueños, el tono de tus palabras , y ha llegado la hora del descanso, del olvido, de las pequeñas muertes de la memoria.         Ya que ha caido el velo a la tierra, ya que ha quedado hecho jirones, déjame descansar sobre él, para que mis pies sientan la dulzura de sus hebras y protejan mis pies de los cantos grises.  Con tus cuatro gritos, empezaron a reconstruirse los muros de mi alma y ahora nacerán nuevos dioses, que harán cubrirse de luto a los hombres antiguos, y crearán un nuevo mundo, más limpio, más verdadero, más herm...

EL DIOS

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       Siempre pensé que el mundo era lo que existía bajo las suelas de mis zapatos. Y que cada uno de mis pasos eran el camino hacia una nueva meta. Me parecía absurdo huir, yo era valiente, encarando las circunstancias y cualquier situación. He llegado a ser temerario, jugándome la existencia. Pero aquella noche huí, salí corriendo, tuve miedo. Miedo de mi mismo, de mis propias valentías, de tu silueta recortada tras la luz amarillenta de una farola de Madrid.        Que los dioses cayeron una vez, fustigados por una nueva luz, hiriente, se precipitaron de su Olimpo  dorado, cono un atardecer eterno, y dieron con sus pies de barro en  la superficie de un mar de cristal.        Los pies de barro, esos mismos que me empujaban lejos, lo más lejos y rápido posible de ese humano que quiso darme muerte. -. Que sepas que mi muerte será tu libertad, aquella que has deseado h...