EL HIJO

       Esta carta es para tí, hijo mío, porque aun recuerdo el dulce peso de tu cuerpecito sobre mis piernas, y esa mirada ausente, cuando te contaba pequeñas historias maravillosas.
       No sé cuanto tiempo hace que no te veo, porque cada vez que esto ocurre eres alguien diferente ,al que amo casi sin conocer. Y no puedo arrancar de mi alma tus ojos limpios, ni tus manitas carnosas, ni la dulzura de tu atención a mis palabras.
       Yo también soy un niño, que se despierta cada vez que sueña algo bonito. Me despertaron con crueldad el día que me tuve que marchar, y cada instante de mi existencia es esa marcha. Cómo me gustaría dar la vida por tí, aunque ahora doy cada pálpito de mi corazón y cada hálito de mi existencia.
       Querido hijo, vivir no es fácil, morir sí. Cada vez que el destino te arranca de alguien a quien quieres, es parte de la vida que pierdes. Y mueres a cada instante que la memoria te lo recuerda. Y todas estas cosas nunca te las diré porque  tú no las entenderías.
       Tampoco yo lo entiendo, no sé porqué ocurrió, porqué te vi alejarte en el tren de la existencia. Aun me levanto pensando si habrás pasado frio por la noche, y deseando que todo el frio del mundo me venga a mí, antes que verte sufriendo





        Y nada de esto te podré decir, porque no lo entenderías, o porque ha pasado el momento en el que te queden deseos de hablar conmigo.

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