EL MUNDO NO ES REDONDO

         R. se echó sobre la cama creyendo que el cambio de posición le transportarla a otro estado diferente de modo mecánico. Realmente así fue, un peso extraño sobre su mente, como un manto de plomo, le hacia perder la consciencia, sin saberlo, sin darse cuenta. De modo inevitable.
De esa misma manera se encontró sentado sobre un banco, en un parque fresco y verde, un lugar donde la luz no era demasiado fuerte ni tampoco se podía decir que había oscuridad. R. estaba soñando que había muerto.
-. "¿Que hago aquí? ¿estoy muerto?.-
sí que lo estaba, en el fondo conocía todas las respuestas. Se llegó al punto definitivo, al estado último, a la entelequia de la propia muerte.
-.¿Qué va a pasar ahora?.-





         R. no se atrevía a moverse del banco, sentía un miedo atroz a desaparecer, a disolverse como una voluta de humo en el aire, a ser nada. Aborrecía profundamente todas esas mierdas de la consciencia universal, o de formar parte de un todo  eterno. No. Quería persistir. La única verdad es la  inercia que defendió Newton, el deseo y la necesidad de permanecer en el estado en el que se está, es decir, en seguir vivo.
-." Es natural, el muerto no desea vivir, ni el vivo morir. ¡Mierda de mundo!".-

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