EL JARDÍN

       R. caminaba pausadamente por las calles de la ciudad. Aquella tarde le agobiaba, la sentía tediosa y exasperante. Necesitaba paz, pero no lograba encontrar el medio para llegar a ella. Fue entonces cuando divisó aquella pequeña puerta verde en una larga tapia, llena de grafitis y suciedad. Nunca se fijó en ella, a pesar de la eternidad de veces que hubo de recorrer esa calle. Una puerta que, tal vez porque siempre estaba cerrada, o quizá por su tamaño, casi diminuto, había pasado desapercibida. Sin embargo, esa tarde de verano, estaba abierta. Se asomó con timidez, pero a la vez con atrevimiento, nunca había hecho algo así, le parecía una actitud descarada. Pero lo hizo.
       Tras los muros, había un pequeño jardín, Y en él las plantas verdeaban y creaban sombras. La paz se respiraba, como en el corazón de un ángel. Sólo el susurro del agua, que manaba de la fuente, creaba un estado semejante al de una madre adormeciendo a su hijo. Entonces intuyó la idea más felíz de su vida:
-"seré curioso y franquearé puertas",




- "buscar para encontrar los sentimientos que han de mover mi vida. Llegar a la paz"

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