LA NIÑA

         Mi amada hija ha crecido y no puedo decir aquello de "¡qué rápido ha pasado el tiempo!" porque ese tiempo ni siquiera tuvo lugar. Los pocos años que la tuve junto a mi han quedado lejos, con la desazón de poder haberlos disfrutado mejor, vivido mejor. Pero ya pasaron y jamás se puede volver en el tiempo.
         Ahora te contemplo como se mira a un paisaje, lejano y maravilloso, lleno de vida, de futuro, donde las estaciones se sucederán embelleciendo cada uno de sus rincones.




         Que llevas blasones de oro en tu sangre no lo puedes negar, heredaste el linaje misterioso de antepasados valientes y aventureros. No hay más que ver cómo te desenvuelves en una sociedad tan cambiante, tan fugaz, tan escasa de fondo. Llevas la osadía en  genes azules y en ojos limpios.
         Quien sabe lo que te depara el futuro, pero es maravilloso descubrir que, en tu joven vida, has alcanzado tanto. Ahora no me queda más que seguir deslumbrado por el rastro de oro de tu existencia, amar el suelo que pisas y ser testigo de una felicidad que deseo más para ti de lo que  he deseado jamás para mí.

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